....

Presentes en el desarrollo competitivo del agro uruguayo

«

»

Imprimir esta Entrada

Ser mujer y gerenciar una cooperativa agraria

Adriana Nobre tiene 54 años y tres hijos varones, y desde hace catorce años gerencia CALSAL, una cooperativa agropecuaria situada en el Norte del país con sede en Salto. “Me gusta el cooperativismo y me gusta la gente de campo, porque valora al que lo ayuda y cumple con su palabra”, dice.

Llegó a la cooperativa a través de un concurso cuando aún estaba dando los últimos exámenes de la carrera de Contador Público. Tenía intenciones de permanecer en la empresa tres meses, pero lleva más de tres décadas trabajando en ella.

“Empecé como administrativa, luego pasé a ser la contadora y en un momento dado me propusieron que asumiera la Gerencia. Me daba pánico porque iba a ser la primera mujer en esa posición, pero mis compañeros me empujaron hacia adelante. Pedí que fuera por un período de prueba, pero vamos 14 años”, rememora con una sonrisa.

Liderazgo femenino

“Siempre tuve características de líder. Cuando estudiaba en Montevideo, vivía con cinco jóvenes que a veces decían: no sabemos qué tiene Adriana, pero inventa algo y, sin mandonearnos, logra que todos la sigamos. Eso también lo aplico en la empresa: hay actividades que a nadie le gusta hacer, como ordenar el archivo, pero las hacemos entre todos y logramos que se genere una energía buenísima. Eso es parte del liderazgo”, enfatiza.

Adriana dice que los productores hombres suelen sentirse en desventaja cuando tienen que negociar con una mujer. Ella se ocupa fundamentalmente de la parte financiera de la empresa y afirma que en ese rol se siente “en total igualdad” con el resto de su equipo. Aunque muchas veces tuvo que ir a reuniones en las que se encontraba en minoría absoluta, nunca se sintió incómoda y nota que queda vez hay más mujeres en esas posiciones.

“En el cooperativismo agrario aún tenemos que integrar a más mujeres y jóvenes. Nosotras cuando queremos ocupar un cargo de decisión tenemos desafíos adicionales, porque somos profesionales y amas de casa a la vez. De todas formas, veo que al sentirnos valoradas en una organización, nos animamos y participamos más. En CALSAL, por ejemplo, tenemos una mujer en el Directorio desde hace mucho tiempo y también las hay en otros cargos importantes”, dice.

El valor de la palabra

El ritmo de vida pausado que caracteriza al interior del país, es lo que Adriana más valora de habitar en su ciudad natal. “Cuando volví a Salto luego de estudiar en Montevideo, mis padres me preguntaban por qué andaba siempre apurada…traía el acelere de la capital y aquí el ritmo es otro. Por ejemplo, vas a almorzar a tu casa al mediodía y tenés contacto permanente con tus hijos, que fue lo que nos llevó con mi esposo a elegir criarlos acá”, cuenta.

Sobre lo que más aprecia de su trabajo, señala: “Me gusta la gente de campo porque cumple con su palabra. Hay gente que ha tenido deuda de muchos años con la cooperativa, pero cuando pudo negoció y cumplió. Eso es porque valoran a quien los ayuda a salir adelante y a criar a su familia: como somos una cooperativa, siempre nos regimos por los valores”, concluye.

Sobre la cooperativa
Fundada en 1956, CALSAL nuclea alrededor de 480 socios que están dedicados a la actividad agropecuaria, con un área de influencia que abarca los departamentos de Salto, Artigas y norte del departamento de Paysandú, y su zona de influencia abarca alrededor de 2.000.000 hectáreas. Cuenta con 53 empleados permanentes entre la administración, plantas de recibo y agroindustrias.

Enlace permanente a este artículo: http://www.caf.org.uy/site/?p=5705